Eva Chettle ha recopilado elementos del mundo natural desde su primera infancia: conchas, huesos, semillas, raíces y mucho más. Una vez eliminados de sus hábitats nativos, estos fragmentos se transforman en reliquias, que destacan por su forma, color y belleza.
Curiosamente, estos restos del pasado siempre parecen reunirse en perfecta armonía, creando criaturas híbridas parecidas tanto a los extraterrestres como a los seres prehistóricos. De alguna manera, experimentan una resurrección, pasando de la decadencia natural y la eventual oscuridad a convertirse en componentes integrales de un conjunto escultórico conocido como "Quimera".
Más allá de su encanto formal y estético, Chettle se esfuerza por transportar a los espectadores al reino de lo desconocido. A través de su propio bestiario, narra los comportamientos de cada habitante, provocando la reflexión sobre nuestra percepción de la realidad y desafiando asunciones. Al hacerlo, ofrece variaciones matizadas de la teoría de la evolución de Darwin, invitándonos a reconsiderar los límites del mundo natural.